Durante más de 6 años he acompañado procesos desde la terapia sistémica, comprendiendo cómo inconscientemente repetimos patrones familiares, heridas y lealtades que nos desconectan de nuestra verdadera esencia. Pero este año hubo algo que transformó mi mirada: descubrir que muchas de las cosas que vivimos no sólo tienen raíces familiares, sino también un propósito del alma.


